Reseña ASESINOS by Lucen
Ecos de la daga y la pólvora: la encrucijada de dos asesinatos cinematográficos
El año 2015 nos brindó dos exponentes orientales cuya traducción al español ha suscitado no poca confusión. Por un lado, The Assassin, que en nuestras tierras fue rebautizada como La asesina, y por otro, Assassination, que adquirió el título de Asesinos. Más allá de esta semejanza nominal, nos encontramos ante dos obras dispares en su origen y esencia: una tailandesa y la otra coreana. Como es habitual en la distribución cinematográfica contemporánea, y gracias en gran medida a la plataforma Netflix, la producción coreana ha gozado de una acogida más generosa entre el público global.

Sin embargo, desde una perspectiva puramente artística, es la obra tailandesa la que emerge con mayor solidez estética y conceptual. Su representación del universo narrativo es más depurada, más evocadora en términos cinematográficos. En contraste, la película coreana, concebida con una vocación más cercana al espectáculo hollywoodiense, persigue —y por momentos alcanza— esa grandilocuencia visual que caracteriza a ciertas superproducciones. Su ambientación, envuelta en un aire de nostalgia bélica, se despliega entre humos densos y escenarios embellecidos con ametralladoras de los años treinta, mientras que el uso de la cámara lenta otorga a ciertas secuencias una cualidad casi pictórica. No obstante, la duración excesiva y un montaje que oscila entre lo ambicioso y lo errático, terminan por lastrar el ritmo del relato. Lo que en una versión más concisa podría haber sido un ejercicio vibrante de cine de acción, se dilata hasta el punto de generar fatiga en el espectador.

Pese a ello, la película coreana fue un rotundo éxito en su país de origen, donde superó los 12 millones de espectadores. Tal vez, con la mirada de un cinéfilo coreano, su recepción cobre un matiz diferente y se enriquezca con referencias culturales más arraigadas. Sin embargo, surge la interrogante de si sus debilidades narrativas —perceptibles desde una óptica occidental— persisten también ante la crítica de su propia nación. ¿Es una cuestión de perspectiva cultural o una problemática intrínseca a la obra?
En definitiva, nos hallamos ante una película que no desagrada, pero que tampoco deslumbra; una obra con destellos de entusiasmo, aunque carente de una emoción sostenida. Un exponente del cine coreano que, como muchos otros, se mueve entre el fulgor de sus aciertos y las sombras de sus limitaciones.