Ciudadano Kane

El cenit del séptimo arte: el legado imperecedero de Ciudadano Kane

El cenit del séptimo arte: el legado imperecedero de Ciudadano Kane

Es probable que estemos ante la obra cumbre del séptimo arte, un hito cinematográfico cuyo legado sigue marcando el pulso de la historia fílmica. Por ello, en CINEMATTE FLIX consideramos que ha llegado el momento no solo de revisitar esta obra maestra, sino de desentrañar las razones que la han elevado al primer puesto de los cánones del cine.

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La arquitectura visual de Ciudadano Kane: el triángulo como símbolo de conflicto

En Ciudadano Kane, Orson Welles emplea la figura del triángulo para escenificar los momentos de mayor conflicto en la vida del protagonista, Charles Foster Kane. Un ejemplo paradigmático de esta estrategia visual se encuentra en la escena donde se decide el destino educativo de Kane. En este plano meticulosamente compuesto, observamos al joven Kane enfrentado a tres figuras determinantes: su madre, su padre y su futuro tutor, el banquero Walter Parks Thatcher. Esta disposición triangular no es casual, sino que sintetiza de manera visual el dilema que marcará su futuro: la seguridad familiar, la rigidez paterna o el mundo del poder económico.

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A partir de este punto, Welles reincide en este patrón compositivo en cada coyuntura crítica del personaje. En su carrera política, el triángulo se reconfigura entre él, su esposa y su amante, Susan Alexander, anticipando la debacle de su ambición. En la cúspide del poder, Kane se encuentra nuevamente en la punta del triángulo, dominando la composición pero, paradójicamente, más aislado que nunca. La geometría, en manos de Welles y del director de fotografía Gregg Toland, se convierte en un lenguaje simbólico que enriquece la narración sin necesidad de subrayados expositivos.

La revolución cinematográfica de Ciudadano Kane

Hablar de Ciudadano Kane es referirse a una transformación radical del lenguaje cinematográfico. La película no solo adopta innovaciones técnicas, sino que redefine la gramática visual y estructural del cine. Su mayor legado es la combinación magistral de profundidad de campo y composición en varios planos, técnica que Toland y Welles elevan a un nivel nunca antes visto. Los techos visibles en los decorados, un recurso inusual en la época, refuerzan la sensación de claustrofobia y destino inevitable. Los contrapicados extremos, con Kane proyectando su sombra sobre los demás personajes, lo convierten en una figura titánica y, al mismo tiempo, trágicamente vulnerable.

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Otro de los aspectos revolucionarios del film es su estructura narrativa fragmentada. Inspirado en la literatura modernista de Faulkner y en el montaje soviético de Eisenstein, Welles construye un relato en forma de mosaico, donde distintas perspectivas reconstruyen la figura de Kane sin alcanzar nunca una verdad absoluta. Esta polifonía narrativa influenciaría obras posteriores como El Padrino Parte II (Francis Ford Coppola, 1974) o Rashomon (Akira Kurosawa, 1950), consolidando un nuevo paradigma en la construcción del guion cinematográfico.

El preciosismo visual de Ciudadano Kane es otro de sus grandes méritos. Desde el emblemático travelling inicial que nos conduce hasta los dominios del magnate en Xanadú, pasando por el juego de sombras expresionistas y la innovadora edición sonora que fusiona tiempos y espacios, cada decisión estilística refuerza la profundidad psicológica de la historia. La película no solo se inscribe como una cima técnica, sino también como una pieza de comentario social, una fábula sobre el poder, la ambición y el vacío existencial.

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El indiscutible número uno

Sostener que Ciudadano Kane es la mejor película de la historia puede parecer una afirmación tajante, incluso temeraria. Sin embargo, la influencia que ha ejercido sobre generaciones de cineastas y la inagotable riqueza de su propuesta artística justifican su lugar en la cúspide del arte cinematográfico. A lo largo de más de un siglo de historia del cine, han surgido innumerables obras maestras, pero pocas han logrado redefinir el medio con la misma contundencia que la ópera prima de Orson Welles.

Por todo ello, inauguramos esta nueva sección con el filme que no solo representa la perfección técnica y narrativa, sino que también sigue susurrando enigmas a cada nueva generación de espectadores. La próxima semana, abordaremos la obra que se atreve a disputar el trono a Ciudadano Kane, una elección que, sin duda, no estará exenta de controversia.

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CK by Orson Welles

Elegir una única obra como la cúspide del arte cinematográfico es una tarea siempre sujeta a debate, pues cualquier clasificación absoluta está marcada por la subjetividad y el devenir de nuevas perspectivas. Sin embargo, cuando se trata de cine, pocas películas han suscitado un consenso tan amplio como Ciudadano Kane, considerada durante décadas la más grande realización fílmica de la historia.

Lo que distingue a ciudadano Kane no es solo su virtuosismo técnico, sino su capacidad de condensar en su metraje toda la esencia del séptimo arte. Orson Welles no solo redefine la gramática cinematográfica, sino que la expande: introduce innovaciones como el uso expresivo de la profundidad de campo, la inclusión de techos en la escenografía (elemento que, aunque explorado antes en la diligencia de John Ford, alcanza aquí una significación inédita), y una reconfiguración del tiempo narrativo que desafía la linealidad convencional del relato. La película se erige como una sinfonía audiovisual en la que cada recurso –desde la iluminación hasta el montaje– contribuye a una narración de múltiples capas, donde el subtexto y la elocuencia visual cobran una dimensión primordial.

Citizen-Kane--707x1024 El cenit del séptimo arte: el legado imperecedero de Ciudadano Kane

A esto se suma su deslumbrante preciosismo estético. La fotografía en blanco y negro, el magistral uso de luces y sombras, la superposición de imágenes, los contrapicados y picados que subrayan la psicología de los personajes, los movimientos de cámara innovadores, la planificación milimétrica de cada encuadre y el uso de efectos visuales con un propósito narrativo hacen de ciudadano Kane un hito insuperable. Basta con observar la emblemática secuencia inicial, en la que la cámara avanza inexorablemente hasta la habitación de Kane, para comprender la sofisticación visual que impregna toda la obra. No es solo una película técnicamente perfecta, sino una pieza que trasciende su medio y se inscribe entre las grandes creaciones artísticas de la humanidad.

La próxima semana desvelaremos la que, en nuestra consideración, ocupa el segundo puesto en este panteón cinematográfico: una obra que no solo desafía a ciudadano Kane, sino que encarna, al igual que ella, la búsqueda de la perfección absoluta en el arte de narrar con imágenes.

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