Keoma es, sin duda, una de las obras de culto más excelsas del spaghetti western, una película de visión imprescindible que trasciende su género y su época. No es un filme más dentro del vasto océano del western europeo, sino una pieza singular, dotada de una atmósfera única, una estructura visual de inusitada audacia y una partitura musical irrepetible. En este sentido, es motivo de gran regocijo para Cinematte Flix poder incluir en su catálogo esta joya cinematográfica, que representa una de las cumbres del cine de Enzo G. Castellari y, al mismo tiempo, un canto crepuscular al ocaso del western all’ italiana.
Desde luego, la filmografía de Sergio Leone se erige como un prodigio dentro del western europeo, pero Keoma es otra cosa: una película que conjuga el lirismo con la brutalidad, la épica con la desolación, lo mítico con lo atávico. Su argumento, si bien bebe de los arquetipos clásicos del género, se eleva por encima de lo convencional mediante una puesta en escena enérgica y simbólica, en la que la fatalidad parece teñir cada encuadre. Hoy, es un motivo de celebración poder compartir con el público este filme excepcional y ofrecerlo de manera gratuita en nuestro videoclub.
Franco Nero, con su presencia imponente y su mirada taciturna, es uno de los rostros indelebles del western europeo. En años recientes, lo vimos realizar un breve pero significativo cameo en la ya clásica Django desencadenado (Django Unchained, 2012), una suerte de homenaje de Quentin Tarantino a la magistral Django (1966) de Sergio Corbucci. No obstante, si bien Nero alcanzó la inmortalidad cinematográfica con aquel pistolero errante que arrastraba un ataúd, en Keoma encarna a un personaje de una densidad dramática aún mayor: un mestizo errante que regresa a su pueblo tras la Guerra de Secesión para encontrarlo sumido en la peste y dominado con mano de hierro por un despótico cacique sudista, interpretado por Donald O’Brien.
La dirección de esta obra maestra recayó en manos de Enzo G. Castellari, cineasta forjado en los decorados del western, pero también aventurero en los dominios del cine bélico y el poliziottesco. Castellari, cuya influencia ha sido reconocida por Tarantino —quien incluso tomó prestado el título de su Quel maledetto treno blindato (1978) para su Inglourious Basterds (2009)—, construyó en Keoma su opus magnum, un western que, más que una simple suma de elementos canónicos, emerge como un poema visual de resonancias míticas y bíblicas.
Si en su esqueleto argumental Keoma podría parecer un western arquetípico —el regreso del héroe a su tierra, la lucha contra la opresión, la venganza que se gesta en cada encuadre—, su esencia lo distingue de cualquier otra película del género. Castellari introduce elementos que desdibujan las fronteras temporales y lo acercan a una estética medieval: la peste que asola el pueblo, la presencia espectral de una hechicera (Gabriella Giacobbe) y la iluminación pictórica evocan la imaginería de El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) de Ingmar Bergman. Antonio Bruschini ha señalado con acierto que Keoma es un “western gótico y místico, violento y surrealista al mismo tiempo”, una obra que, involuntariamente quizá, se convierte en la elegía final del western europeo.
En este contexto, la película adquiere un aire fatalista e inexorable: el duelo final, de resonancias cainitas, acontece en paralelo al parto de Lisa (Olga Karlatos), estableciendo un juego simbólico entre la muerte y el renacimiento. A esto se suma la notable presencia de Woody Strode, veterano del cine de John Ford, quien aporta aún más peso mítico al relato. Desde una perspectiva ideológica, Keoma admite una lectura marxista, como otros westerns italianos de la época, caso de El halcón y la presa (La resa dei conti, 1966) y Cara a cara (Faccia a faccia, 1967) de Sergio Sollima.
Por último, no pueden dejar de mencionarse dos elementos capitales en la grandeza de Keoma. En primer lugar, la extraordinaria partitura de los hermanos De Angelis, que evoca las cadencias y texturas sonoras de figuras como Joan Baez, Leonard Cohen y Bob Dylan, dotando a la película de un tono elegíaco e inconfundible. En segundo lugar, la maestría visual de Castellari, que alcanza momentos de una audacia inusitada, como la memorable escena inicial en la que, en un solo plano, se enlaza el presente con el pasado: Keoma regresa y se encuentra con la hechicera, y sin corte alguno, la cámara gira para mostrar la imagen de su infancia, como si el tiempo mismo colapsara ante nuestros ojos.
Así pues, Keoma no es solo una obra maestra del spaghetti western, sino un testamento cinematográfico de la muerte de un género, un canto fúnebre rodado con furia y poesía, con desesperanza y épica, con brutalidad y lirismo.


Es la gran obra de culto del spaguetti western. Keoma no es un filme cualquiera, es una de esas películas de obligado visionado y que por eso es una alegría enorme para Cinematte Flix poder disfrutar de ella en su catálogo. Sin duda las obras de Sergio Leone son un prodigio, pero, Keoma es lago más. Su música es única e irrepetible y su argumento y puesta en escena trasciende lo normal para convertirse en un elemento totalemnte singular dentro del western en general y del spaguetti en particular. Hoy es una gran alegría el poder presentar esta película gratis en nuestro videoclub.


CRÍTICA DE KEOMA, LA OBRA DEL CULTO DEL WESTERN ITALIANO
Franco Nero es uno de los rostros más característicos del western europeo. El año pasado pudimos verlo en una pequeña aparición en la ya clásica Django desencadenado (Django Unchained, Quentin Tarantino, 2012). Se trataba de un pequeño guiño u homenaje que Tarantino le rendía a una de las mejores películas de Sergio Corbucci, Django (1966). Pues bien, diez años después de interpretar a ese desconocido que arrastra un mugriento ataúd, Nero protagonizó otro western no menos salvaje y atávico, pero crepuscular, en el que encarnaba a un mestizo que regresaba a su pueblo natal tras la Guerra de Secesión y lo encontraba azotado por una plaga de peste y regido con mano de hierro por un cacique sudista llamado Caldwell (Donald O’Brien). En esta ocasión, el nombre del personaje interpretado por Nero era Keoma.
Quien dirigió este casi último western europeo fue alguien curtido precisamente en los decorados del género, Enzo G. Castellari, prolífico director (todavía en activo; su último trabajo, Caribbean Basterds, es de 2010) que pasó del western al cine bélico y de ahí al policiaco, como otros directores italianos de la época. Ahora bien, si hoy en día recordamos a Castellari es, más que por sus propias películas, por el hecho de que Tarantino lo haya convertido en uno de sus maestros. De hecho, Malditos bastardos (Inglourious Basterds, 2009) tomaba prestado el título del de una de las películas bélicas de Castellari, Aquel maldito tren blindado (Quel maledetto treno blindato, 1978), conocida en inglés como The Inglorious Bastards.
Keoma es, sin duda, la obra maestra del cine de Castellari, que, aunque en muchas ocasiones convierte la necesidad y la ausencia de medios en soluciones imaginativas, en otras, como ocurre en Aquel maldito tren blindado, se le notan demasiado los costurones. En el desarrollo argumental, Keoma no es distinta a muchos otros westerns: pistolero que regresa a su pueblo e impone su justicia a diestro y a siniestro. Es en los detalles donde se nota la carpintería de Castellari: una plaga de peste, un pueblo en cuarentena, un amigo del pasado, la condición mestiza del héroe, su familia adoptiva, un cacique racista y otros elementos que configuran un cóctel realmente explosivo.
En realidad, como ha apuntado Antonio Bruschini, Keoma parece, por el uso de la fotografía, una película ambientada en la Edad Media, un “western medieval”, idea que viene subrayada por la plaga de peste que está asolando el pueblo y por la aparición del personaje de la hechicera (Gabriella Giacobbe), inspirado, según el director, en El séptimo sello (Det sjunde inseglet, Ingmar Bergman, 1956). Otro rasgo muy llamativo, pero evidente, son las similitudes entre el personaje de Keoma y Jesucristo, no solo por el físico, sino también por la sesión de tortura a la que lo someten los hombres de Caldwell, con crucifixión incluida. Según Bruschini, “es un western gótico y místico, violento y surrealista al mismo tiempo, del todo atípico. Quizá involuntariamente, Keoma, precisamente por su visión lúgubre de un Oeste tétrico y desolado, refleja simbólicamente el dolor de su autor por el fin del western all’ italiana, decretando así una especie de apasionada elegía”.
En plena agonía del western, no solo del europeo, Castellari logra recombinar las piezas típicas del género para ofrecer una película brutal y obsesiva, en un ambiente infernal y desesperado. Así, el tiroteo final, que es un enfrentamiento cainita, se desarrolla simultáneamente al parto de Lisa (Olga Karlatos). Keoma cuenta, además, con la interpretación de Woody Strode, uno de los grandes nombres del cine de John Ford. Además, la película de Castellari admite una admite también una interpretación en clave marxista, como El halcón y la presa (La resa dei conti, 1966) o Cara a cara (Faccia a faccia, 1967), de Sergio Sollima.De todas maneras, y para concluir, me gustaría subrayar dos elementos muy llamativos de Keoma. En primer lugar, la música de los hermanos De Angelis, que tratan de recrear las voces y estilos de Joan Baez, Leonard Cohen y Bob Dylan. En segundo lugar, el uso de la cámara, que es magistral en algunos momentos, como cuando Keoma cuenta con los dedos en plano subjetivo, o, sobre todo, en la primera escena, antes de los títulos de crédito, cuando Castellari se atreve a realizar un flashback en un mismo plano: Keoma regresa y se encuentra con la hechicera, y allí mismo, sin corte alguno, la cámara gira y muestra a un bebé que era el propio Keoma.