Crítica by Lucen: El último samurai (2003)

Crítica by Lucen: El último samurai (2003)

Hubo un tiempo donde el honor del cine todavía era inquebrantable, un espacio donde la verdad se mostraba en escena para el deleite del espectador. Los trajes no eran skins digitales, los paisajes en este caso de Japón eran lugares de Japón, las batallas estaban realizadas con hombres de verdad y los pueblos eran casas construidas para representar de forma perfecta una época desaparecida. En El último Samuraí, lo único digital se mostraba en forma de pinceladas de sangre que no aportaban pero tampoco estrobeaban y luego, estaba el formato de representación de la historia, un lugar de buenos y malos definidos para entretener, no había falsos mensajes que contar para agradar a lobbys, ni falsos recovecos del alma humana para querer ser más de lo que se es. El último Samurai es una película sencilla y comercial, un Bailando con Lobos sensiblero con puesta en escena a Lo que el viento se llevó.

Las puestas de sol anaranjadas, los contraluces, los arboles formando lluvia de hojas, los rostros de los actores y la composición musical son tan artificiales y pomposos como adorables y verdaderos, son un regocijo de algo que quiere ser más de lo que es pero que es lo suficiente para atrapar a un espectador mucho más preparado que el que habita hoy las salas de cine.

Y claro que la película de Edward Zwick no es perfecta y que muestra momentos tan sensibleros como odiosos como lo hace Tom Cruise, un actor capaz de lo más sutil y de lo más bochornoso pero, todo encaja y se comprende porque está filmado como cine no como televisión.

Así, el último vestigio de honor, dignidad y perfección de la antigua era del Japón se encarna en esta obra de Edward Zwick, en la que colabora estrechamente con Tom Cruise. La película exhala una mezcla de potentes aires melancólicos y ofrece una visión sorprendentemente pura de un mundo en irremediable desaparición. Este logro se debe a una magnífica labor de ambientación, una sobriedad histórica impecable y una de las mejores bandas sonoras de los últimos años, compuesta por el talentoso Hans Zimmer.

Los actores de esta aventura merecen una mención especial; Hiroyuki Sanada y Koyuki están espléndidos en sus roles secundarios, mientras que Tom Cruise y Ken Watanabe dominan y enriquecen cada segundo de metraje con sus interpretaciones, especialmente este último. La obra es espectacular, emotiva y romántica, y aunque presenta una fachada de «taquillazo», esconde una profunda y sentida alma que debe ser descubierta sin complejos. No es una obra de autor donde el drama drena de forma discreta, es un juguete para los amantes de un cine directo y grandioso que ya ha desaparecido….

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